El castillo del conocimiento
Contemplaron el castillo a lo lejos, era más grande que el de el silencio, el caballero cogió la llave que colgaba de su cuello e
hizo girar la cerradura. Esta vez los tres atravesaron la puerta, estaba muy oscuro. Ardilla volvió a llamar al caballero para que se reuniera
con ella. Había encontrado otra brillante inscripción grabada en la pared:
¿Habéis confundido la necesidad con el amor? , el caballero había necesitado toda la belleza que Julieta le añadía a su vida con su inteligencia y su encantadora poesía.
El caballero pensó en todas las cosas que Julieta había hecho por el y en ese momento se le escurrieron las lagrimas, deseo haberla necesitado menos y amarla más pero no supo como, el caballero se dio cuenta que no se amaba a el mismo y que necesito el amor de los demás para sentirse bien. A medida que sus lágrimas se fueron
secando, fue notando la luz que había a su alrededor. Era distinta de cualquier luz que
hubiera visto antes, el caballero se puso de pie y continuo con su trayectoria, encontraron un espejo que reflejo al caballero como una persona encantadora y vital, cuyos ojos brillaban
con amor y compasión.
El caballero se miró al espejo otra vez. La amabilidad, la compasión, el amor, la
inteligencia y la generosidad le devolvieron la mirada. Se dio cuenta de que todo lo
que tenía que hacer para tener todas esas cualidades era reclamarlas, pues siempre
habían estado ahí, la luz brillo aun mas que la primera vez y ilumino toda la habitación, se dio cuenta que era solo una habitación.
el
caballero se encontró otra vez en el Sendero de la Verdad, con Rebeca y Ardilla. Junto
al sendero se extendía un cabrilleante arroyo. Sediento, se arrodilló para beber de su
agua y notó con sorpresa que la armadura que cubría sus brazos y piernas se había
oxidado y caído. Su barba había crecido.
Con el paso
firme de un muchacho, partió hacia el Castillo de la Voluntad y la Osadía con Rebeca
volando sobre su cabeza y Ardilla corriendo a sus pies.
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